Que fácil sería dejar todo atrás, comenzar de cero y entender el enorme universo al que estamos expuestos muchas veces sin desearlo, comprender el intenso ardor que nos acomete todos los días y todas las noches, buscando respuestas, miradas y aplausos de quienes nos rodean, y todo con la finalidad de sentirte parte de un mundo que está hecho con toda la intención de que te sientas no parte de él, por toda tu vida.
Mientras caminaba por la mañana por el centro de la hermosa ciudad de Cuernavaca, miraba a mi alrededor viendo pasar a la gente, cabe señalar que yo me encontraba sentada en una de esas sillas de hierro que están forjadas con una estructura que te mantiene en un ambiente totalmente colonial.
Comencé a pensar, algo que uno normalmente hace cuando normalmente no hace nada, ironías no, realmente me fallaste?? Me has abandonado a mi suerte o soy ya la que hace rato me abandoné en un sitio del que no puedo avanzar, sólo por la terrible terquedad de ser como uno es, o simplemente me enrosqué en una burbuja de mar del cual me siento pretejida cuando tú me mandas estas lecciones.
Hace rato me dijiste que hermoso era esta alma, ahora me dices que es horrible, que es oscura y que simplemente no merece ni un solo alabo, que se cayó en mil pedazos y sólo uno mismo puede comenzar a pegarlos y seguir adelante como siempre lo has hecho.
Sin palabras, así me quede después de pensar, el silencio de mi mirada y la tristeza de mi voz acompañan la aventura, aquella que se emprende cuando se decide, cuando se aprende y cuando te equivocas, ni modo, la vida es como el fuego, se puede tornar peligrosa cuando no sabes el momento adecuado para apagarla, yo juraba que existía y que me acompañaba, ahora no se, tal vez fue una figuración para sentir que platicaba con alguien, que me cuidaba y que al menos contaba mis pasos, ahora no se…
“Dame paz y serenidad, para cambiar y me haga ser mejor”, escuché decirle, “abre tus brazos y hazme sentir parte de tu creación” wow, con tan poco nos podemos asfixiar, en verdad podremos hacerlo, si uno camina con la mirada enfrente creyendo que su alma es pura, es buena y es blanda, que tristeza es darte cuenta que no es así.
Cuanto necesito que bajes y me lo digas, cuanto necesito saber que estas ahí…
¡Carajo!